Diario Duo #0 | El teléfono que había decidido no comprar

Llevo cuatro años con el mismo teléfono.

El iPhone 14. Básico. Comprado el día en que mi anterior teléfono ya no daba más de sí.

Necesita un cambio de batería urgente, y poco más. Hace fotos, reproduce música, recibe mensajes y cumple prácticamente con todo lo que le pido. Si arreglo la batería, no tengo ninguna necesidad real de cambiarlo.

Y aun así, he decidido comprar un teléfono de más de dos mil euros que se dobla por la mitad y que probablemente tenga problemas que el mío no tiene.

No tiene sentido…

Durante años hemos querido teléfonos más rápidos, con mejores cámaras, con pantallas de más calidad y mejores baterías. Y ahora que todos funcionan perfectamente, resulta que algunos empezamos a aburrirnos de ellos.

Al menos, ese es mi caso.

Hace tiempo que los nuevos iPhone dejaron de emocionarme. Todo mejora, pero tengo la sensación de estar viendo el mismo producto una y otra y otra vez. Más refinado, más potente, más perfecto.

Y también menos interesante.

Con los plegables nunca había sentido una atracción especial. Los vi nacer y mejorar sin que ninguno me despertara demasiada curiosidad.

Aunque había una excepción. Y venía del cine.


Siempre me había fascinado el dispositivo de Her, la película de Spike Jonze. No tanto por lo que hacía, sino por su estética, por aquella manera tan particular de imaginar la tecnología y nuestra relación con ella.

Cuando comenzaron los rumores de que Apple trabajaba en un plegable con formato de pasaporte, me vino de inmediato aquella película.

Por primera vez en años, empecé a estar pendiente de los rumores de un teléfono.

Y cuando Apple presentó finalmente el Duo, mi reacción fue bastante sencilla:

«Esto es».

No necesité empaparme de datos técnicos sobre su pantalla, cámaras y demás para saber que me gustaba. Me atrajo su diseño, sus proporciones y la manera en que Apple había adaptado el sistema operativo a un formato diferente.

Junto con el iPhone Air, me parece uno de los productos con más personalidad que Apple ha presentado desde el iPhone X.

Eso no significa que sean sus mejores productos. Ni que sean los más recomendables.

Simplemente me gustan.

Y a veces parece que nos cuesta reconocer algo tan sencillo sin construir alrededor una justificación técnica de veinte párrafos.

Curiosamente, siempre había pensado que lo inteligente era evitar las primeras generaciones. Esperar a que corrigieran los fallos, mejoraran la autonomía, solucionaran los problemas de fabricación y, en definitiva, dejar que otros hicieran de conejillos de Indias.

Sigo pensando que es lo más lógico.

Pero también recuerdo cómo era la tecnología en 2005 o 2006. Cada nuevo dispositivo tenía algo inesperado. Había diseños extraños, decisiones cuestionables, funciones que no terminaban de funcionar y mucho margen de mejora.

No todo era mejor.

Pero era interesante.

Quizá idealizo aquella época. Puede que no eche tanto de menos aquellos gadgets como la forma en que los vivía.

Sea como sea, el Duo ha conseguido despertar una curiosidad que creía muerta.

Y no voy a fingir que esta compra es completamente racional. Mi familia me ha regalado una parte importante del teléfono por mi cumpleaños. Si tuviera que comprarlo totalmente yo, probablemente habría seguido con el iPhone 14.

También tengo dudas. Bastantes.

No sé cómo envejecerán la bisagra, la pantalla interior o el resto del dispositivo.

Y hay otra incógnita que me interesa incluso más.

No espero hacer cosas radicalmente diferentes con el Duo. Seguiré viendo series y películas, escuchando música y podcasts, utilizando Telegram y WhatsApp y fotografiando momentos familiares.

Lo que quiero descubrir es si cambia mi manera de interactuar con todo eso.

Si abrirlo aporta algo de verdad. Si la pantalla interior termina siendo una herramienta útil o una novedad que desaparece cuando el hype se acaba. Si las ventajas compensan los hándicaps.

Y, sobre todo, si dentro de unos meses seguirá apeteciéndome utilizarlo tanto como ahora me apetece estrenarlo.

De ahí nace este diario.

Durante el próximo año iré contando cómo es convivir con la primera generación del iPhone Duo. Sus virtudes, sus defectos, las cosas que me sorprendan y aquellas que me hagan preguntarme por qué demonios no esperé a la segunda generación.

No quiero convertir estas entradas en una defensa de mi compra. Tampoco en una colección de especificaciones técnicas. Habrá fotografías, pruebas y opiniones sinceras que seguramente cambiarán con el tiempo.

Me interesa ver cómo madura este formato, aunque todavía no sé cuánto tiempo querré acompañarlo.

Quizá dentro de seis meses descubra que el Duo era exactamente el teléfono que llevaba años esperando.

O quizá descubra que tenía un iPhone perfectamente usable y que debería haberme quedado quieto.

Las dos posibilidades me parecen interesantes.

Ya os iré contando.

Banda sonora: Hand Covers Bruise · Trent Reznor & Atticus Ross

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